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El ajonjolí y la ruta de la exportación no tradicional

Corporación ATFP
Corporación ATFP 02 Apr 2026

En la estrategia de diversificación económica, la mirada del sector comercio exterior debe volcarse con mayor rigor hacia los rubros agrícolas con potencial de exportación. El caso de la semilla de sésamo —o ajonjolí— es un ejemplo emblemático de cómo un producto con arraigo en el campo venezolano puede transformarse en una divisa competitiva en mercados tan exigentes como Turquía, Jordania o Grecia. Sin embargo, dar el salto de productor local a exportador global no es una cuestión de azar; requiere una comprensión profunda de los protocolos fitosanitarios y una alineación perfecta con los estándares de calidad internacionales.

El éxito en la exportación de oleaginosas reside en la transparencia de la cadena productiva. Para acceder a mercados que ofrecen preferencias arancelarias del 100%, como es el caso de Colombia y Turquía bajo sus respectivos acuerdos comerciales, el exportador debe demostrar no solo el origen del producto, sino su estructura de costos y su proceso de procesamiento.

La Declaración Jurada de Origen (DJO) y la relación insumo-producto no son meros requisitos burocráticos; son los documentos que certifican la soberanía productiva del bien y permiten que el comprador internacional reciba los beneficios fiscales pactados. En este escenario, la precisión documental es la que abre —o cierra— las puertas de las aduanas extranjeras.

Más allá de la logística y los aranceles, el exportador debe dominar el lenguaje de los Incoterms y las certificaciones de salud pública. La diferencia entre una venta bajo condiciones FOB o CIF implica una gestión de riesgos y costos que afecta directamente la rentabilidad del proyecto. Asimismo, el cumplimiento de los controles del INSAI y la SUNAGRO garantiza que la mercancía no solo llegue a su destino, sino que sea admitida sin contratiempos sanitarios. La exportación profesional se basa en la previsibilidad: conocer el valor referencial del mercado en países como Sudán, India o Etiopía permite al empresario venezolano posicionar su oferta con un precio justo y una calidad superior.

Desde esta perspectiva, el ajonjolí representa una ventana de oportunidad para demostrar que la industria nacional puede cumplir con los estándares globales.

Las empresas que logren liderar este movimiento serán aquellas que dejen de ver la exportación como una salida eventual de excedentes y la asuman como un proceso técnico, planificado y auditado. El futuro de nuestra balanza comercial depende de la capacidad de transformar nuestras semillas en productos de valor estratégico, respaldados por una gestión aduanera impecable y una visión de mercado audaz.


¿Está su capacidad productiva alineada con los estándares de certificación que exigen los grandes mercados importadores de semillas? ¿Ha evaluado cómo los acuerdos comerciales vigentes con países como Turquía podrían potenciar sus márgenes de utilidad en la exportación de rubros no tradicionales?

Los leemos en los comentarios.

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